Los economistas de Standard Chartered, Madhur Jha y Ethan Lester, señalaron que el conflicto en Oriente Medio podría representar un riesgo creciente para los flujos de remesas desde las economías del Golfo, especialmente si la inestabilidad se prolonga. Su evaluación destaca al Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) como una fuente principal de remesas para países como Egipto, Pakistán, Filipinas, Bangladesh y Sri Lanka, donde estos ingresos ayudan a sostener las balanzas externas.
Los analistas afirmaron que la mayor amenaza macroeconómica inmediata sigue siendo el shock de los precios de la energía, que podría lastrar el crecimiento global si persiste. También advirtieron que las interrupciones en el suministro de petróleo y gas, junto con la posible interferencia en las rutas comerciales a través del Estrecho de Hormuz, podrían afectar la actividad industrial y la producción derivada en varias regiones, especialmente en Asia.
Más allá del impacto energético, el informe subrayó consecuencias más amplias que podrían surgir con el tiempo si el conflicto continúa. Oriente Medio se ha convertido tanto en un destino como en una fuente de trabajadores internacionales, lo que convierte a los flujos migratorios en un canal importante a través del cual la inestabilidad regional puede afectar a otras economías. Una gran presencia de expatriados en los países del GCC sostiene las remesas personales enviadas a sus países de origen.
No se espera que el efecto sobre las remesas sea un reflejo del periodo de la pandemia, cuando la actividad se detuvo abruptamente pero las caídas en las remesas resultaron ser mucho menores de lo que sugerían los pronósticos iniciales. Durante el COVID-19, muchos observadores esperaban caídas del 20 % al 40 %; sin embargo, las remesas globales cayeron solo un 2.4 % interanual en 2020.
Standard Chartered señaló que las consecuencias económicas no petroleras del conflicto actual probablemente sean menos graves que el shock de la pandemia, pero el riesgo clave es que una inestabilidad prolongada podría finalmente empujar a los expatriados a abandonar la región. Si esto sucede, los flujos de remesas podrían debilitarse, añadiendo presión a las cuentas externas de las economías que dependen fuertemente del dinero enviado a casa por los trabajadores en el extranjero.