El yen japonés sigue bajo presión a pesar de que los datos de inflación de abril se situaron ligeramente por debajo de las expectativas. La lectura más débil apenas cambió la opinión del mercado porque reflejaba un efecto temporal ligado a las tasas escolares, más que una ralentización significativa del crecimiento subyacente de los precios. En consecuencia, la reacción de la divisa fue moderada.
Las condiciones generales siguen jugando en contra del yen. Los tipos de interés mundiales han subido, y la gran carga de deuda nominal de Japón hace que esta tendencia sea más problemática para las perspectivas fiscales. El reciente debate sobre un presupuesto suplementario, solo un mes después de la aprobación del actual plan fiscal, también ha aumentado la preocupación por las finanzas públicas japonesas.
Los precios de la energía son otro importante factor en contra. El conflicto con Irán ha mantenido elevados los precios del petróleo, aumentando los costes para los hogares y las empresas japonesas y ejerciendo una presión adicional sobre la economía. La debilidad de los últimos datos del índice de gestores de compras ha reforzado la opinión de que el encarecimiento de la energía está lastrando la actividad, lo que a su vez limita el apoyo a la divisa.
De cara al futuro, el yen podría encontrar cierto alivio si se relajan las tensiones geopolíticas y bajan los precios del petróleo. Una recuperación más fuerte dependería también de que el Banco de Japón siguiera adelante con una subida de tipos, prevista para mediados de junio. Esta medida podría ayudar a reducir la brecha entre Japón y otras grandes economías y mejorar el sentimiento hacia la divisa.
Por ahora, sin embargo, la dirección del yen sigue ligada en gran medida al shock energético provocado por el conflicto y a la perspectiva de una presión fiscal y monetaria prolongada. Hasta que no mejoren esas condiciones, es probable que la divisa siga siendo vulnerable.
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