Según Volkmar Baur, de Commerzbank, las exportaciones australianas se debilitaron en marzo, con una caída del 2% respecto al año anterior. El descenso se debió sobre todo al mineral de hierro, cuyas exportaciones cayeron cerca de un 18% tras surgir una disputa por los precios entre un productor australiano y un comprador estatal chino.
La debilidad no se limitó al mineral de hierro. La subida de los precios del gas natural en marzo aún no se había traducido en mayores flujos de exportación, y los envíos de gas también fueron inferiores a los del año anterior. La debilidad generalizada de las exportaciones apunta a presiones en varias categorías clave de materias primas, más que a una perturbación aislada en un mercado.
En consecuencia, la balanza por cuenta corriente de Australia empeoró sustancialmente en el primer trimestre, al adentrarse aún más en déficit hasta los 27.000 millones de dólares australianos. Este deterioro pone de relieve la dependencia del país de las exportaciones de recursos y la sensibilidad de su balanza exterior a las oscilaciones de la demanda mundial de materias primas y de las condiciones de precios.
Si los datos del producto interior bruto que se publicarán en breve confirman las expectativas del mercado de un crecimiento trimestral del 0,5%, el déficit por cuenta corriente ascendería a aproximadamente el 3,7% del PIB. Sería el mayor déficit en aproximadamente una década, lo que subraya la magnitud del deterioro de las cuentas exteriores de Australia.
Para el dólar australiano, las implicaciones son potencialmente negativas. Australia sigue dependiendo en gran medida de las exportaciones de materias primas, y China es su cliente más importante. Mientras continúen los problemas económicos internos de China, la demanda de materias primas australianas puede seguir bajo presión, dejando a la moneda vulnerable a nuevos factores adversos.
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